La fuerza (y el peligro) del concepto del trabajo de Lutero

La fuerza (y el peligro) del concepto del trabajo de Lutero

La fuerza (y el peligro) del concepto del trabajo de Lutero

Por Dan Doriani

Martín Lutero probablemente hizo más que cualquier otro protestante para establecer la teología del trabajo que muchos cristianos adoptan hoy. Como ningún otro teólogo antes que él, insistió en la dignidad y el valor de toda clase de labor. Lutero hizo más que acabar con la división entre trabajo sagrado y secular: empoderó a todos los creyentes a saber que su trabajo servía a la humanidad y disfrutaba de la plena bendición de Dios.

Lutero insistía en que el agricultor paleando estiércol y la criada ordeñando su vaca agradaban a Dios tanto como el ministro orando o predicando.

Además, mientras trabajamos en la estación que Dios nos ha dado en la vida, nos convertimos en agentes de su cuidado providencial: «Dios ordeña las vacas por medio de la vocación de la lechera». Dios responde las oraciones de sus hijos por medio de nuestras manos. Oramos por el pan diario en la noche, y los panaderos se levantan por la mañana a hornearlo. Lo mismo vale para el vestuario: Dios «da la lana, pero no sin nuestro trabajo. Si está en la oveja, no sirve para vestirse». Los humanos deben esquilar, cardar e hilar.

Por medio de nuestro trabajo, se viste al que está desnudo, se alimenta al hambriento, se sana al enfermo. Por medio de nuestro trabajo, agradamos a Dios y amamos a nuestro prójimo.

Desarrollo de una doctrina de la vocación

Lutero desarrolla su doctrina del trabajo, no en lo abstracto, sino mediante su disputa con los monásticos. Los sacerdotes y los monjes reclamaban el término vocación para el trabajo religioso, especialmente monástico. Creían que la vida monástica brindaba oportunidades únicas para completar la fe mediante buenas obras, y así hallar seguridad de salvación. Lutero replicó que todos los cristianos oyen un llamado al evangelio y el reino de Dios, y luego a una estación en la vida. Por lo tanto, toda labor honesta que un creyente realice es un llamado, y todos los llamados agradan a Dios.

Lutero presentó la perspectiva cristiana del trabajo de maneras esenciales. Primero, dignificó todo trabajo, incluso si es servil o desagradable. Más allá de elogiar a los agricultores, aconsejó que «si ves que hay escasez de verdugos, policías, jueces… y te parece que estás calificado, debes ofrecer tus servicios».

Segundo, él corrigió la jerarquía medieval. Para Lutero, la vida activa en la sociedad es tan noble como la vida contemplativa en el monasterio.

Tercero, mientras que el catolicismo romano hacía hincapié en los beneficios personales del trabajo —provisión material, recompensas divinas, la manera en que el trabajo cura el orgullo—, Lutero describió el trabajo como el lugar donde servir a Dios y al prójimo.

Análisis de su pensamiento

Dado que Lutero es tan influyente, debemos evaluar su pensamiento, comenzando con su deseo de dignificar todo trabajo. Cuando insistió en que Dios convoca a todos a una «estación», significa que todos pueden servir a Dios y al prójimo donde están. Este es un gran consuelo para todos los que se sienten atrapados por su trabajo. Y nuestra época ajetreada necesita esta exhortación a trabajar en nuestro sitio, en vez de preguntarnos constantemente «¿qué viene después?».

No obstante, el consuelo de Lutero tiene un costo. Si cada tarea legítima es un llamado divino, puede ser imperativo que los trabajadores permanezcan donde están. Pero si todo trabajo es un llamado divino, ¿cómo puede alguien buscar una nueva posición o tratar de reformar los abusos en el lugar de trabajo? Si seguimos a Lutero con demasiada rigidez, se esfuma la distancia entre lo que hacemos hoy y lo que podríamos hacer mañana, y se reduce la motivación para reformar las condiciones laborales.

Para Lutero, 1 Corintios 7:20 era un texto esencial: «Que cada uno permanezca en la condición en que estaba cuando Dios lo llamó». Pero esto comprende solo la mitad del mensaje. Sí, Pablo dice que un esclavo debe permanecer «en la condición en que estaba cuando Dios lo llamó», pero también dice: «Si tienes la oportunidad de conseguir tu libertad, aprovéchala» (1Co 7:21). «Quédate donde estás» no es un principio absoluto. Además, 1 Corintios 7 instruye a los esclavos, no a todos los trabajadores, y los esclavos eran especialmente inmóviles. Si bien este pasaje ayuda a los cristianos a soportar el aprisionamiento en las situaciones difíciles, no nos instruye a mantener el puesto a toda costa.

La visión del llamado de Lutero

El tratado de Lutero Whether Soldiers Too Can Be Saved ilumina este punto. Él utiliza los términos «cargo», «trabajo», «llamado», «ocupación» y «posición» de manera intercambiable, como si fueran lo mismo. Lamentablemente, este uso oscurece la diferencia entre trabajo y llamado. Hay una diferencia entre una convocación temporal a la guerra y una vida militar. Existe la ocupación sin vocación. Uno puede ganarse el pan como cajero, cocinero, nana, o vendedor, sin sentir un llamado a esa vida. Un empleo paga las cuentas; el trabajo de nuestra vida se ajusta a nuestros dones, intereses y formación.

La visión del llamado de Lutero se ajusta mejor a una sociedad estática. En sus días, las economías eran más simples y el trabajo seguía un patrón que parecía ajustarse a un orden natural o creado, lleno de agricultores y carpinteros. Pero estas ideas no se acomodan tan fácilmente a sociedades con más flujo e innovación. ¿Cómo pueden hombres y mujeres permanecer en su puesto si su estación está propensa a desaparecer a causa de despidos, restructuración o reubicación?

A la gente le gusta citar a Lutero cuando dice que Dios ordeña las vacas por medio de la lechera. Pero si todo trabajo honesto es un llamado divino o estación, ¿cómo podemos cuestionar las formas de trabajo deshumanizantes? Si el sirviente que limpia establos escucha a Lutero decir que mover «una sola paja» es una labor «divina», eso es consolador. Pero si mover paja se cataloga como un trabajo divino, ¿quién osaría preguntar si alguien debería mover paja, y si hemos descubierto la mejor forma de hacerlo?

La tendencia a bendecir el statu quo es clara en los comentarios de Lutero acerca de matar en la guerra: «Hacer guerra y matar… y la ley marcial han sido instituidos por Dios». Y el involucramiento de Dios es directo: «Porque la mano que empuña esta espada y mata con ella no es la mano del hombre, sino la de Dios; y no es el hombre, sino Dios, quien cuelga, tortura, decapita, mata y pelea. Todo esto son obras y juicios de Dios».

Lutero sabe que ningún ladrón debe ser un ladrón o una prostituta, pero estos comentarios parecen ciegos a la manera en que las instituciones y ocupaciones pueden ser legales y esenciales, pero corruptas y en necesidad de reforma.

Cómo ayuda Calvino

El verano antes de irme a la universidad, trabajé en una planta procesadora de lácteos. Un día el jefe me mandó a manejar la máquina que hacía cajas para quesos especiales. Dominé la tarea en una hora. El resto del día me pregunté por la mujer que había manejado la máquina durante 15 años.

¿Es correcto pedirles a seres humanos que manejen máquinas 40 horas a la semana en tareas tan simples que uno puede dominarlas en una hora? Pero si cada empleo es un llamado, ¿cómo es posible cuestionar los modelos de trabajo deshumanizantes? En el peor caso, los conceptos de Lutero permiten que los líderes explotadores manden a las personas pacificadas a cumplir su deber siguiendo órdenes, cualesquiera que estas sean. Aquí claramente necesitamos el principio de semper reformanda. La enseñanza de Lutero sobre el trabajo hizo una gran contribución, pero, como todo reformador, necesitaba a otros que consolidaran y afinaran sus ideas.

Eso le correspondió a Calvino.

Calvino observó que el pecado distorsiona las estructuras del trabajo. Al igual que Lutero, dijo que Dios ponía a las personas en llamados permanentes, pero de todas formas podía cuestionar el orden social. Por ejemplo, Calvino instaba a los ciudadanos a obedecer a los «reyes arrogantes», pero añadió que los magistrados menores tienen el deber de «resistir a los reyes que… asaltan con violencia» a su propio pueblo. En efecto, si se desentienden de los reyes violentos, son culpables de «traición perversa». De manera similar, Lutero condenó la conducta de los amos abusivos, pero Calvino luchó contra la institución misma de la esclavitud. En su sermón sobre Efesios 6:5-9 observa que los amos tenían «autoridad excesiva… sobre sus esclavos» y propone que Dios permitía «este estado de cosas… a causa de la maldad humana». La esclavitud es en sí misma «totalmente contraria a todo el orden de la naturaleza»; existe porque Adán «pervirtió el orden de la naturaleza». En consecuencia, Calvino promueve la reforma de las estructuras sociales.

Trabajar para transformar

Tras cumplirse 500 años de la Reforma, la doctrina del trabajo de Lutero nos recuerda cuánto les debemos a los reformadores. Él nos anima a salir a trabajar pensando: «Hoy le sirvo al Señor».

Pero la Reforma radica tanto en el futuro como en el pasado. Calvino y otros nos instan a servir en nuestro sitio, y a transformar el lugar si podemos hacerlo.

Publicado originalmente por The Gospel Coalition.

Dan Doriani (Mdiv, PhD, Westminster Theological Seminary: STM, Yale Divinity School) es vicepresidente y professor de teología en Convenant Theological Seminary en St. Louis, Missouri, y miembro del Consejo de The Gospel Coalition. Es autor de varios libros, incluido Trabajo: Propósito, dignidad y transformación.