¿Has aceptado a Jesús como tu Señor y Filósofo?

¿Has aceptado a Jesús como tu Señor y Filósofo?

¿Has aceptado a Jesús como tu Señor y Filósofo?

Por Jonathan Pennington

Juan 6 fue un día intenso para Jesús y sus discípulos. A pesar de llenar de forma milagrosa los estómagos, muchos dejaron de seguir a Jesús debido a su afirmación de ser el maná en el desierto que las personas deben comer (Juan 6:53–58). Él se volvió a sus discípulos y les preguntó si también planeaban dejarlo.

Con palabras que han resonado bellamente a lo largo de los siglos, el sincero Simón Pedro dio un paso adelante con esta respuesta: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna» (Juan 6:68).

La cuestión es la siguiente: cuando Pedro dijo estas palabras, cuando Juan las escribió, y cuando otros Pedros y Juanes y Marías las escucharon en los siguientes siglos, ¿qué pensaron que significaba la «vida eterna»? ¿Qué textos o narraciones evocaron sus corazones al oír dicha expresión, «vida eterna»?

¿Qué clase de vida describen las palabras de Jesús?

Estoy bastante seguro de saber qué imágenes y evocaciones se generan en el lector creyente de hoy. Es probable que «vida eterna» registre pensamientos de una existencia eterna, radiante y celestial que consiste sobre todo en adorar a Dios para siempre. El adjetivo «eterna», combinado con muchas imágenes e himnos celestiales a lo largo de siglos, nos ha reducido a un pequeño callejón en nuestra percepción de qué significa «vida eterna».

Esto no es malo del todo. El desenlace de la visión bíblica no es precisamente ese, aunque dicha visión no está por completo fuera de lugar. La imagen final del libro de Apocalipsis incluye una adoración completa, redimida y con cuerpos resucitados en la presencia de Dios.

Sin embargo, permítaseme sugerir que la palabra clave en la oferta de Jesús es «vida» más que «eterna». La parte «eterna» enfatiza la certeza y la perdurabilidad de la vida, pero la idea clave es que Jesús ofrece vida.

Además, ¿alguna vez se ha detenido y preguntado por qué Pedro entendió que Jesús ofrecía «las palabras de vida eterna»? ¿Qué significa eso? Ahora entramos en el corazón del asunto. Cuando Jesús ofrece vida, ¿qué está diciendo? Supongo que podríamos haber obviado Juan 6 e ir directo a donde él dice esto con más claridad, «yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan al máximo» o «en abundancia» (Juan 10:10).

De esta forma, hago de nuevo esta gran pregunta: ¿qué quiso decir Jesús, y qué habrían entendido las personas que quería decir, cuando dijo que vino a traer vida?

La respuesta puede sorprenderte: él quiere decir filosofía.

Jesús, el Gran Filósofo

Jesús quiere decir filosofía en el sentido antiguo y más profundo de dicha palabra: filosofía como estilo de vida, filosofía como una sensata guía práctica para una vida que es próspera y significativa, filosofía como verdadera sabiduría enseñada por un sabio. La “vida abundante” de Jesús se refiere al estilo de vida que él revela y que solo se puede encontrar, a través de él, en el espacio del Reino de Dios. Esta es la razón por la que Pedro dice que Jesús ofrece “las palabras de vida eterna”. Jesús no solo vino para hacer un sacrificio expiatorio, sino que también enseñó, reveló e instruyó a sus discípulos en el estilo de vida de que solo promete florecimiento.

Incluso nosotros a veces utilizamos «filosofía» en este sentido de vida práctica cuando hablamos de «nuestra filosofía corporativa» o «su filosofía del golf». Este uso comunica que la cultura corporativa de alguien o su estilo de golf se forma, dirige y se imbuye de ciertas convicciones, prácticas y hábitos. De esto también se trató la filosofía antigua, expandida más allá de las arenas económica o deportiva hacia la vida completa.

Y esta es la razón, desde los primeros días de la iglesia, por la que los creyentes entendieron el cristianismo como una filosofía de vida (eterna) y a Jesús como el más grande filósofo. Vemos evidencia ubicua de esto en el arte sagrado, en sermones y en la apologética.

Es útil recordar que el famoso apologista del siglo segundo, Justino, no se autodenominó «Mártir». Este título se le dio solo después de que muriera por su fe (eso hubiera sido una premonición algo cruel). Su educación, estilo de vida y su autodenominación fue Justino el Filósofo. ¿Por qué? Debido a que después de probarse las túnicas de distintas filosofías de vida, finalmente entendió que Jesús es el verdadero y más grande filósofo (véase su Diálogo con Trifón). Justino entendió que ser un discípulo de Jesús es ingresar a una escuela filosófica de vida. Y al hacerse maestro cristiano, como su Señor, entendió que era un filósofo para otros.

Más que un filósofo, no menos

Es importante recordar que Jesús es más que un filósofo, él es Salvador, Rey, Señor, el Hijo de Dios, pero no es menos que un filósofo. De hecho, debido a que él es esas otras cosas, esto lo hace el más grande filósofo del mundo.

¿Y entonces? No tenemos espacio en esta breve incursión para explorar todas las implicaciones de esta visión, hoy perdida, de Jesús como filósofo. Pero concluiré con una simple observación. Cuando limitamos nuestro entendimiento de Jesús y el cristianismo al reino religioso y vertical de nuestras vidas, encontramos nuestra fe desconectada de nuestra vida práctica, diaria y horizontal. Como resultado, miramos a gurús alternativos y a la sabiduría mundana para guiar nuestro entendimiento de las emociones, relaciones, felicidad, finanzas y una amplia variedad de otros aspectos de nuestra vida diaria.

Si bien se puede recolectar buena madera para la casa de la vida en muchos lugares, con frecuencia hemos descuidado construir su fundamento sobre la filosofía de la Escritura. Pero al redescubrir a Jesús como nuestro Señor y Filósofo, podemos ver de nuevo que a lo largo de toda la Biblia él imparte una filosofía atenta y sólida, una visión práctica para la vida abundante, ahora y para siempre.

Jonathan Pennington explora estas ideas con mayor profundidad en su libro Jesus the Great Philosopher: Rediscovering the Wisdom Needed for the Good Life (Brazos Press, 2020).

Publicado originalmente por The Gospel Coalition.

Jonathan Pennington es profesor asociado de interpretación del Nuevo Testamento y director de estudios doctorales de investigación en el Southern Baptist Theological Seminary en Louisville, Kentucky, así como pastor predicador asociado en la Sojourn Church East. Es autor de El Sermón del Monte y el florecimiento humano, Heaven and Earth in the Gospel of Matthew, y Reading the Gospels Wisely.